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La drogadicción es una enfermedad compleja que se
caracteriza por el deseo, la búsqueda y el consumo compulsivos, y en
ocasiones incontrolables, de la droga que persisten a pesar de las
consecuencias adversas y graves que resultan. Si bien el camino a la
drogadicción comienza con el acto voluntario de tomar las drogas, con el
tiempo queda comprometida la habilidad de la persona para poder decidir
no consumir drogas, y la búsqueda y el consumo de la droga se vuelven
compulsivos. Esta conducta es en gran parte el resultado de los efectos
de la exposición prolongada de la función cerebral a la droga. La
adicción es una enfermedad del cerebro que afecta múltiples circuitos
cerebrales, entre ellos los relacionados con la gratificación y la
motivación, el aprendizaje y la memoria, y el control de las
inhibiciones sobre el comportamiento.
Dado que el abuso de drogas tiene tantas dimensiones y altera tantos
aspectos de la vida de una persona, el tratamiento no es sencillo. Los
programas eficaces de tratamiento suelen incorporar muchos componentes,
cada uno dirigido a un aspecto particular de la enfermedad y sus
consecuencias. El tratamiento para la adicción debe ayudar al paciente a
dejar de usar drogas, a mantener un estilo de vida libre de ellas y a
lograr un funcionamiento productivo en la familia, el trabajo y la
sociedad. Puesto que típicamente la adicción es una enfermedad crónica,
las personas simplemente no pueden dejar de consumir drogas por unos
días y curarse. La mayoría de los pacientes requieren cuidados a largo
plazo o varios episodios de tratamiento para lograr la verdadera meta de
la abstinencia continuada y la recuperación de la vida productiva.
Principios para un tratamiento eficaz
Las investigaciones científicas realizadas desde mediados de los años
setenta muestran que el tratamiento puede ayudar a los toxicómanos a
dejar de consumir las drogas, evitar las recaídas y recuperar con éxito
sus vidas. Basándose en estas investigaciones, se han identificado los
siguientes principios clave que deben formar la base de cualquier
programa de tratamiento eficaz:
- La adicción es una enfermedad compleja que se puede tratar y que
afecta el funcionamiento del cerebro y el comportamiento. - No hay un solo tratamiento que sea apropiado para todas las
personas. - El tratamiento debe tener acceso fácil.
- El tratamiento eficaz atiende las distintas necesidades de la
persona, no solamente su drogadicción. - La permanencia en el tratamiento durante un periodo adecuado de
tiempo es esencial para su eficacia. - La consejería –individual o de grupo– y otras terapias
conductuales son las modalidades de tratamiento para la drogadicción
usadas con más frecuencia. - Los medicamentos constituyen un componente importante del
tratamiento para muchos pacientes, especialmente cuando se ofrecen
en conjunto con consejería y otras terapias conductuales. - Se debe evaluar frecuentemente el tratamiento y los servicios
que recibe cada persona, modificándolos cuando sea necesario para
garantizar que se ajusten a cualquier cambio en sus necesidades. - Muchos drogadictos también presentan otros trastornos mentales.
- El manejo médico de la desintoxicación es apenas la primera
etapa del tratamiento para la drogadicción y por sí solo hace poco
para modificar el abuso de drogas a largo plazo. - El tratamiento no necesita ser voluntario para ser eficaz.
- Se debe mantener una vigilancia continua para detectar posibles
recaídas durante el tratamiento. - Los programas de tratamiento deben proporcionar una evaluación
para el VIH/SIDA, la hepatitis B y C, la tuberculosis y otras
enfermedades infecciosas. Asimismo deben proporcionar consejería
para ayudar a las personas a modificar o cambiar aquellos
comportamientos que hacen que corran riesgo de contraer o propagar
enfermedades infecciosas.
Enfoques para un tratamiento eficaz
Las terapias de medicamentos y conductuales, especialmente cuando se
usan en conjunto, son elementos importantes de un proceso terapéutico
general que a menudo comienza con la desintoxicación, seguida por el
tratamiento y la prevención de las recaídas. La disminución de los
síntomas del síndrome de abstinencia puede ser importante al iniciar el
tratamiento, mientras que la prevención de las recaídas es necesaria
para mantener los efectos del mismo. En ocasiones, y al igual que con
otras enfermedades crónicas, los episodios de recaídas pueden requerir
que el toxicómano repita etapas anteriores del tratamiento. Un cuidado
continuo que comprenda un régimen de tratamiento individualizado que
tome en cuenta todos los aspectos de la vida de la persona puede ser
esencial para lograr y mantener exitosamente un estilo de vida sin
drogas. Este cuidado abarca servicios médicos y de salud mental, así
como opciones de seguimiento (por ejemplo, sistemas de apoyo familiar y
comunitario).
Medicamentos
Los medicamentos se pueden utilizar para ayudar en el manejo de los
diferentes aspectos del proceso del tratamiento.
El síndrome de abstinencia. Los medicamentos ayudan
a suprimir los síntomas del síndrome de abstinencia durante la
desintoxicación. Sin embargo, la desintoxicación con ayuda médica no es
en sí un “tratamiento”, sino que es apenas el primer paso en el proceso
de tratamiento. Los pacientes que se someten a un proceso de
desintoxicación con ayuda médica pero no reciben tratamiento adicional,
muestran patrones de abuso de drogas similares a aquellos que jamás
fueron tratados.
Tratamiento. Pueden usarse los medicamentos para
ayudar a restablecer la función normal del cerebro, prevenir las
recaídas y disminuir los deseos de consumir la droga. Actualmente hay
medicamentos para tratar la adicción a las sustancias opioides (la
heroína y la morfina), al tabaco (la nicotina) y al alcohol, y se están
desarrollando otros medicamentos para tratar la adicción a los
estimulantes (la cocaína y la metanfetamina) y al cannabis (la
marihuana). Sin embargo, la mayoría de las personas con problemas graves
de adicción son toxicómanos múltiples (consumen más de una droga) y
necesitan tratamiento para todas las sustancias de las que abusan.
- Sustancias opioides: La metadona, la buprenorfina y,
para ciertas personas, la naltrexona, son medicamentos eficaces para
el tratamiento de la adicción a los opiáceos. La metadona y la
buprenorfina actúan sobre los mismos lugares del cerebro que la
heroína y la morfina, por lo que reducen los síntomas del síndrome
de abstinencia y alivian el deseo vehemente por la droga. La
naltrexona bloquea los efectos de la heroína u otras sustancias
opioides en sus receptores y solamente debe usarse en pacientes que
ya se han desintoxicado. Debido a problemas de adherencia a las
indicaciones de uso de esta droga, la naltrexona no se usa tan
ampliamente como los demás medicamentos. Todos los medicamentos
ayudan a los pacientes a apartarse de la búsqueda de drogas y otros
comportamientos criminales y los hacen más receptivos a los
tratamientos conductuales. - Tabaco: Ahora existen numerosas formulaciones de
terapia de reemplazo de la nicotina que se pueden obtener sin receta
médica, entre las que se encuentran los parches, el spray, el chicle
o goma de mascar y las pastillas para chupar. Además, la
Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA, por
sus siglas en inglés) ha aprobado dos medicamentos de prescripción
para tratar la adicción al tabaco: el bupropión y la vareniclina.
Tienen distintos mecanismos de acción en el cerebro, pero ambos
ayudan a prevenir las recaídas en las personas que buscan dejar el
tabaquismo. Se recomienda combinar cada uno de estos medicamentos
con tratamientos conductuales, entre ellos las terapias individuales
y de grupo, así como líneas directas de ayuda telefónica para dejar
el tabaquismo. - Alcohol: Existen tres medicamentos aprobados por la FDA
para el tratamiento de la dependencia del alcohol: naltrexona,
acamprosato y disulfiram. Existe un cuarto medicamento, el
topiramato, que está arrojando resultados alentadores en estudios
clínicos. La naltrexona bloquea los receptores de opioides que
participan en los efectos gratificantes del consumo de alcohol y en
el deseo vehemente de beber. Reduce la recaída al abuso del alcohol
y es muy eficaz en muchos pacientes, pero no en todos, lo cual
posiblemente se deba a las diferencias genéticas. Se cree que el
acamprosato reduce los síntomas del síndrome de abstinencia
prolongada, tales como el insomnio, la ansiedad, la intranquilidad y
la disforia (estado emocional desagradable o incómodo, como la
depresión, ansiedad o irritabilidad). Puede ser más eficaz en
pacientes con dependencia aguda. El disulfiram interfiere con la
degradación del alcohol, lo que resulta en una acumulación de
acetaldehído que, a su vez, produce una reacción muy desagradable de
rubor, náuseas y palpitaciones si el paciente consume alcohol. Si
bien puede haber dificultades con el cumplimiento del tratamiento,
el disulfiram puede ser muy eficaz entre los pacientes con mucha
motivación.
Tratamientos conductuales
Los tratamientos conductuales ayudan a que los pacientes se
comprometan con el proceso de tratamiento, modifiquen sus actitudes y
comportamientos relacionados con el abuso de las drogas y aumenten sus
destrezas para llevar una vida más saludable. Estos tratamientos también
pueden mejorar la eficacia de los medicamentos y ayudar a que las
personas continúen en tratamiento por más tiempo. El tratamiento del
abuso y la adicción a las drogas se puede llevar a cabo en entornos muy
distintos usando una variedad de enfoques conductuales.
Los programas de tratamientos conductuales ambulatorios
abarcan una gran variedad de programas para los pacientes que visitan
las clínicas a intervalos regulares. La mayoría de los programas
incluyen consejería individual o en grupo para el abuso de las drogas.
Algunos programas también ofrecen otras formas de tratamientos
conductuales como:
- Terapia cognitiva-conductual, que ayuda a los pacientes
a reconocer, evitar y enfrentar aquellas situaciones en las que hay
más probabilidad de que abusen de las drogas. - Terapia familiar multidimensional, que fue desarrollada
para adolescentes con problemas de abuso de las drogas y para
mejorar el funcionamiento de la familia en general, trata los
diversos factores que influyen sobre los patrones de abuso de las
drogas. - Entrevistas de motivación, que aprovechan de la
disposición favorable de las personas para cambiar su comportamiento
e ingresar a tratamiento. - Incentivos para realzar la motivación (manejo de
contingencias), que usan el refuerzo positivo para fomentar la
abstinencia de las drogas.
Los programas de tratamientos residenciales también
pueden ser muy eficaces, especialmente para las personas que tienen
problemas más graves. Por ejemplo, las comunidades terapéuticas son
programas sumamente estructurados en los que los pacientes permanecen en
una residencia, generalmente por un periodo de 6 a 12 meses. Las
comunidades terapéuticas se diferencian de otros enfoques de tratamiento
principalmente porque usan a la comunidad (el personal tratante y las
personas en recuperación) como factores clave de cambio para influir en
las actitudes, percepciones y comportamientos asociados con el consumo
de drogas de los pacientes. Entre los pacientes en las comunidades
terapéuticas se pueden encontrar aquellos con historias relativamente
largas de drogadicción o que han estado involucrados en actividades
criminales serias y aquellos con un funcionamiento social sumamente
deteriorado. Ahora también se están diseñando las comunidades
terapéuticas para acomodar las necesidades de mujeres embarazadas o con
niños. El enfoque de la comunidad terapéutica es la reinserción social
del paciente a un estilo de vida libre de drogas y de crímenes.
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